El cierre de MegaUpload se ha convertido en la última carga de profundidad dirigida contra los derechos fundamentales de los usuarios de Internet. Y no es que yo esté a favor de la piratería o de la violación de los derechos de Propiedad Intelectual. Todo lo contrario.Como responsable de un medio de comunicación cuyo equipo desarrolla su actividad profesional generando contenidos que se distribuyen en distintos soportes (a través de la revista en papel que tenéis en las manos, en su versión digital de la plataforma Kiosko y mas o en nuestros canales on-line), no puedo estar de acuerdo con quienes se adjudican el derecho a «compartir» alegremente con millones de usuarios un material que es el fruto de nuestro trabajo y del cual vivimos.
No creo en el todo gratis. Pero de ninguna manera puedo alinearme con los grupos de presión que pretenden imponer un estado policial en la Red, fomentando casi el paroxismo de la delación. Se insta a proveedores, empresas de hosting, administradores de webs… a asumir un papel que no es el suyo. Es a las fuerzas y cuerpos de seguridad y justicia a quienes corresponde actuar de acuerdo a la Ley. Pero según unas leyes justas, discutidas con total transparencia en foros internacionales para proteger a los creadores y también impulsar el consumo lícito de contenidos y la expansión de Internet como motor económico mundial con mayores perspectivas de crecimiento. Es decir, ni ACTA, ni SOPA, ni PIPA, ni Sinde-Wert, ni Hadopi.
Y tampoco la incalificable reacción de Anonymous con sus numerosos ataques de denegación de servicio o la publicación de datos personales de aquellos que consideran «enemigos». Esto parece una guerra en la que todos perdemos en esta cascada de acción-reacción. Acción: el FBI cierra MegaUpload por lo sano y los usuarios con contenidos legítimos se quedan con un palmo de narices. Reacción: grupos de Anónimos se dedican a cargar contra los organismos implicados. Entretanto, los usuarios buscan alternativas al servicio de descarga directa incluso trayendo a primer plano el«viejo» P2P. Y con todo este ruido y radicalización, no hay manera de sentarse a hablar de lo importante: nuevos modelos de negocio acordes a las nuevas tecnologías y tiempos que vivimos.
Editorial del 249
















17. febrero 2012 en 10:40
Has dado en el clavo. Llevo años defendiendo esta postura. Ni políticos ni revolucionarios pueden atacar la libertad. Y hay que respetar el trabajo de los demás: “Busque, compare y si encuentra algo mejor cómprelo”.
17. febrero 2012 en 17:08
Como ya he comentado en otros blogs en protesta por este mismo motivo, nada es gratis en internet, todos cooperamos artistas independientes suben su obra para que todo mundo la admire, todos subimos fotos y videos para diversion de publico general, y solo defienden unos pocos intereses.