En mayo de 2005 apareció la primera versión beta de YouTube con un propósito muy claro: conseguir que cualquiera pudiera subir los vídeos que hubiera creado y compartirlos con todo el mundo. Cinco años después está filosofía sigue en pie pero ya no es exclusiva, de los veinte vídeos más vistos, a día de hoy 17 son firmados por profesionales.
Ni mucho menos estoy en desacuerdo con esta evolución, solo que resulta curioso que lo que comenzó como un sitio para videoaficionados se ha convertido en una monumental plataforma capaz de integrar las últimas tecnologías (alta definición, las tres dimensiones…) recoger declaraciones de las personas más influyentes del mundo o retransmitir cualquier acontecimiento deportivo. Lejos quedan los tiempos donde el vídeo de un bebe llorando o un perrito en monopatín arrastraban millones de visitas.
Nadie entendería que un servicio que aglutina 24 horas de subida de contenidos de vídeo cada minuto y una tasa de participación altísima (más del 50% de los vídeos tienen comentarios) no se convirtiera en un caramelo para las firmas de publicidad y marketing. Por lo tanto era necesario subir el nivel de los vídeos, tanto en un sentido técnico como de contenido, para atraer a un público cada vez más adulto y con mayor nivel adquisitivo (la edad media de un usuario de YouTube ha crecido y ya se sitúa en la franja de los 25 a los 35 años).
En solo cinco años YouTube se ha hecho mayor, ahora lo que se lleva son los videoclips en HD, series exclusivas o su labor como auténtico cajón desastre de la programación televisiva. Los mercados cambian a velocidad de vértigo, han puesto sus ojos en el millonario portal de vídeos y exigen más profesionalidad.














Domingo , 24 / oct / 2010
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