Hace dos o tres meses leí en alguna de las muchas páginas web que visito cada día una entrevista a Tomonobu Itagaki, uno de los gurús más excéntricos del universo de los videojuegos. El entrevistador le preguntaba si creía que los juegos de ordenador y, por extensión, los de consola, merecían ser considerados una forma de arte. Y el creador de la fabulosa serie Ninja Gaiden lo negó con una modestia poco habitual en él. No me lo creo. No creo que realmente piense eso. Estoy seguro de que no se creyó con la potestad de defender algo así siendo él parte interesada, así que intentaré argumentar por qué en mi opinión los juegos merecen ser considerados desde la irrupción de la anterior generación de consolas, la de PlayStation 2, Xbox y GameCube, un medio de expresión artística.
Antes de seguir adelante debo confesar que me encanta el cine. Y también los videojuegos. No tengo ninguna predilección por una u otra forma de expresión. Hace mucho que el cine es considerado «el séptimo arte» por su capacidad narrativa, emotiva, estética y simbólica. Y se considera el «séptimo» para dar continuidad a las seis artes de la cultura clásica, que no son otras que la pintura, la escultura, la danza y el teatro, la música, la literatura y la arquitectura. Desde hace décadas nadie pone en tela de juicio si el cine es o no un arte. Comparte todos los atributos que elevan a un medio de expresión a esta categoría, como su capacidad de contar una historia, retratar simbólicamente, emocionar, su esencial componente estética… Además, se nutre de forma directa de otras artes clásicas, como son la literatura y la música. Es evidente que no todo el cine es arte. Pero muestras de «mal hacer» podemos encontrarlas en cualquier otra disciplina artística, y no por eso denigramos un arte al completo. Solo esa obra desafortunadamente ejemplar.
En mi opinión, los lazos que existen entre el cine y los videojuegos son muy estrechos. Tanto que muchos directores de cine con gran presencia en el mercado internacional, como Steven Spielberg o Peter Jackson, entre muchos otros, han manifestado abiertamente su interés por los videojuegos como medio de expresión equiparable al género cinematográfico. En la actualidad la producción de un videojuego no es muy diferente a la de una película. En este proceso intervienen guionistas, músicos, grafistas, actores, un director, expertos en efectos especiales… Al igual que el cine, se nutre de artes como la música, el dibujo y la literatura. Incluso su materialización y la cantidad de personas involucradas en su creación son equiparables a las de la producción de un filme. Pero lo más importante es que un videojuego, un buen videojuego, es un vehículo perfecto para contar una historia y emocionar a quienes tienen la oportunidad de jugarlo. Los hay buenos y malos. Simples y extraordinariamente complejos. Desagradables y estéticamente intachables… Pero un puñado de ellos merece ser considerado arte exactamente por las mismas razones por las que lo son La Gioconda de Leonardo, el Réquiem de Mozart o El Quijote de Cervantes. Estoy seguro de que muchos pensaréis que es una locura comparar un videojuego con estas irrepetibles obras de arte. Para mí no lo es. Es más, me atrevo a recomendaros dos videojuegos de un mismo autor que, en mi opinión, son los únicos que realmente merecen ser considerados auténticas obras maestras a la altura, en el marco de su disciplina, de las que he mencionado antes: Ico y Shadow of the Colossus, del japonés Fumito Ueda. El creador del diseño sustractivo. Pero solo es mi opinión. Tanto si estáis de acuerdo como si no, os invito a que participéis exponiendo la vuestra.
















27. julio 2010 en 10:25
Aún le queda un poquito de camino por recorrer a la industria del videojuego para ser arte. De momento es eso, industria y no porque en todo su proceso participen disciplinas artísticas y “artistas” (algunos con mayúscula) el resultado tenga que ser calificado de arte. Es el autor el que cuenta, el que comunica (y esto atendiendo a la ampliación que la definición de arte viene sufriendo) y no el espectador, jugador en este caso. Entendería como arte los personajes, los escenarios, los guiones que se crean en la confección del juego, pero el resultado de la unión de todo eso como tal, no es arte… aún, de acuerdo. De momento, no tengamos prisa y no perdamos las definiciones.
27. julio 2010 en 10:47
OK. Respeto tu opinión, unosinmetro, pero no la comparto en absoluto. De hecho, me parece que es imposible defender de forma razonable frases como ésta: “… entendería como arte los personajes, los escenarios, los guiones que se crean en la confección del juego, pero el resultado de la unión de todo eso como tal, no es arte…”. Si todos esos componentes de un videojuego en particular merecen ser calificados como “arte”, ¿no es artístico ese videojuego? ¿No merece ser calificado como “obra de arte”? Yo creo que sí. Sí con mayúsculas
27. julio 2010 en 11:05
Sigo pensando y defendiendo que no tiene que ser arte el resultado de la unión de disciplinas que sí pueden son consideradas artes. Se pueden condimentar lo más exquisitos manjares pero el resultado ser un plato incomestible y no ser considerado por tanto gastronomía. Para desarrollar un avión, un coche ¡una licuadora! se puede hacer partícipe también disciplinas artísticas, no sólo ingenierías, ¿y el resultado es arte? ¿hablamos acaso del arte de los aviones, de los coches..? Un cuadro, una película, una escultura, son cosas que comunican (uno de los pilares de la definición de arte) algo por sí solas, sin la manipulación del que lo ve. Un videojuego no hace nada si no lo juegas y aquí me remito a lo que dije antes de la extensión de la definición de arte. Ahora el espectador puede participar del arte con las nuevas tendencias del mismo, pero un videojuego… Si de transmitir sensaciones se trata pues también arte el golf, que a mi por ejemplo de transmite la sensación de aburrimiento.
27. julio 2010 en 11:26
Hablas en serio? Una de las principales cualidades de las obras de arte es su capacidad de transmitir emociones y no dejar impasible al espectador. Puede gustarte o no, pero difícilmente te dejará impasible. Y un buen videojuego claro que comunica. Has jugado alguna vez con alguno de calidad? Lo dudo. Lo hace en el mismo grado que una película o, incluso, más, debido a que te obliga a meterte de lleno en la historia. Creo que esto es irrebatible.
Y sí, un videojuego hay que jugarlo, al igual que una obra literaria hay que leerla y una composición musical es preciso escucharla. ¿…?
De todas formas, el núcleo de mi post no es algo así como “los videojuegos son la suma de varias artes, luego son arte”. Defiendo muchas otras ideas. Te aconsejo que lo vuelvas a leer detenidamente y, de paso, que pruebes los juegos de los que hablo. Quizás después de hacerlo cambies de opinión.
27. julio 2010 en 12:30
A ver, yo me leo de nuevo el post y tu mi sengunda respuesta, en la que afirmo que uno de los pilares de la definición de arte es precisamente la comunicación, o sea, la capacidad de transmitir. Pero repito que si de transmitir emociones, sensaciones, etc se trata, entonces hasta ir en el metro es arte!!!